HISTORIAS FAMILIARES

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  1. Luna de miel

  2. Recuerdos de la Bisabuela Valeria

  3. La bicicleta

  4. Recuerdos de mi infancia

  5. Juan Sanz y la música

  6. Poesía de Mari Sánchez

 
 
     
Luna de miel de Juanillo y Valeria.

Cuando se casaron los bisabuelos Juanillo y Valeria, se fueron de luna de miel a la Granja de San Ildefonso, provincia de Segovia. Se estaban dando un paseo cuando vieron un puesto de helados. Se acercaron y Juanillo pidió dos helados de cucurucho. El bisabuelo fué el primero en probar el suyo y al ver que el frio le "quemaba" la lengua, haciendo aspavientos dijo: ¡ Ostras Valeria, como quema! y la abuela Valeria cogió su helado y lo empezó a soplar ¡ afuuuu, afuuuuu.., fuuuu..!

Informante: Juan Sanz.

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Recuerdos de la bisabuela Valeria

Aquí va una pequeña historia de nuestra familia. Es un recuerdo de la prima Esther, que como bisnieta, tiene de la abuela Valeria. Esther cuenta que la abuela Valeria cuando se acercaba algún bisnieto siempre tenía un caramelo preparado en la faltriquera y que les contaba un montón de poesías y les cantaba un montón de canciones, me imagino que tradicionales. La bisabuela da la impresión de que fue una buena transmisora de la tradición oral y de la cultura popular (no había muchos medios más para transmitir la cultura del pueblo llano). Y la referencia que tenemos de ella, los que no la conocimos, es que fue toda una "ABUELA".

Informante: Marisa Sanz.

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La bicicleta

Aquí va la historia de mi reencarnación:
Mis queridas primas Ildesina, Esther y no recuerdo si tambien Imelda y Mª Angéles, me llevarón en 1970 a las Fiestas del pueblo, ya que mi padre y mi abuela Antonia (la madre de mi mamá) estaban malitos. ¡Yo contentisima de ir !, pues me encantaba ir al pueblo (y me encanta ahora pero esta un poco lejos y con el pensamiento voy de vez encuando). Habia mucha gente en las fiestas. A la hora de comer me mandarón a un recado, y yo hice chantaje, que si no iba en bici no habia trato. Tome la bici de Marcelo (Chiquitita ella, no llegaba casi ni a los pedales, y encima no llevaba freno). Eso yo entonces no lo sabía, como tampoco montar mucho en bicicleta y enfilé a la dirección que me mandarón. En la plaza habia unos chicos que jugaban al futbol (yo no distinguí que entre ellos habia algún primo mio) y creyendo que me iban a dar con el balón aceleré más y me fuí por la calle de la izquierda del bar . La calle era cuesta abajo (yo nunca habia ido por allí) y me acuerdo que solo ví a un chico (creo que se llama Andrés) debajo de una parra y de pronto volé.
Lo siguiente que recuerdo es estar en volandas llevada por los músicos. Nadie me reconocia, ya que como no habia ido con mis padres, no sabian de que familia era; así que me llevarón primero a casa de la tía Lucinea (que era ese año la ermitaña), cuando me vió llegar me imagino que la daría algo . Como allí tenian mucho follón y se creian que estaba muy mal, me llevarón a casa de la tia Josefa. Supongo que el disgusto fué monumental y por ello pido perdón a todos. La abuela Felisa fué a verme, pensando en lo peor. Vino el hijo del médico, me reconoció y no me encontró nada roto, solo magulladuras. Claro está yo por la noche me fuí de parranda con mis primas y las amigas. La gente cuando me veia bailar no se lo creía . El tio Juanito por la mañana antes de misa me hizo unas fotos y cuando me las envió me dijo, "estas podian haber sido tú últmo retrato". Por eso cuando voy al pueblo y los mayores no saben quien soy les recuerdo el accidente de la bicicleta del día de San Pedro y enseguida se acuerdan.
Al día siguiente fuí a llevar el almuerzo con Samuel a sus hermanos que estaban trabajando en el campo, eso sí andando. Durante un tiempo las bicis las tuve aparcadas, pero hoy en día vuelvo a montar , eso sí antes miro que los frenos estén bien.
No se si mis queridas primas se acordarán del evento.
Colorín colorado este rollo se ha acabado.

Mari Pili Sanz.

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Recuerdos de mi infancia.

Esto que os voy a transcribir, mas que historias son recuerdos de infancia, que creo como máximo haber tenido a partir de los cinco o seis años.
Lo primera reflexión que me viene, cuando pienso en esa época, es que el campesino estaba en bastante armonía con la naturaleza y que respetaba sus ciclos.
Me gustaban todas las estaciones, así que iré por partes.
El final del otoño y el invierno para mí era muy interesante. Me acuerdo de nuestra salita, nuestra cocina con la cuadra al lado que nos daba calor además del fogón y la famosa calefacción romana (o sea la gloria). El ruido de las luchas entre ratas y gatos, (llegamos a tener cuatro gatos), mas nuestro perro Leal. Recuerdo la sesión de asar piñas y el trabajo que costaba después sacar los piñones, pero qué contentos estabamos aunque oliésemos a cenizas, recuerdo a mi padre contando historias y a mi madre cantándonos, (por cierto que cantaba como los ángeles).
También recuerdo la vendimia, todo el campo animado por la gente que trabajaba en ella, el olor a uva, los lagares repletos del fruto, el mosto, la fermentación, recuerdo la ceremonia repetida me imagino desde tiempos inmemoriales de la preparación de las cubas, el asado de las patatas en las bodegas, las reuniones de los mayores y el reparto del vino en los famosos pellejos (que por cierto, no me acuerdo que capacidad tenían).
Navidad me trae recuerdos inolvidables. Aparte del pesebre en la iglesia y el día de los Reyes Magos, me quedaron marcadas las reuniones en las noches de esas fiestas alrededor de una mesa llena de turrón, amarguillos y mazapanes y algún que otro regalo, pero además los bailes que nos dábamos y los cantes de mi madre.
LA MATANZA: Para mi era de los mejores momentos de mi infancia, aparte el momento del linchamiento del cerdo; en esos instantes, me acuerdo que me subía al sobrado (granero), me tapaba los oídos para oir lo mas mínimo sus aullidos. Luego venia el momento de la limpieza del cerdo en la hoguera y justamente en ese momento era cuando nos repetían la historia mil veces contada de que una vez en casa de alguien, un cerdo salió pitando...de la hoguera.. Luego venia el reparto del calducho y la morcilla, que era el momento que esperábamos, para conseguir una propina, y luego los juegos y pasarlo bien con los primos y primas.
De los abuelos, me acuerdo, pero la verdad que aparte del abuelo que era muy pegajoso a veces, no me acuerdo mucho de que nos hayan dado muestra de mucha atención, quizás era que a la época no se llevaba eso de mostrar el cariño o que las circunstancias de la vida en que se desarrolló nuestra infancia habían enfriado ciertas relaciones, (los tíos saben por donde voy).
Lo único que recuerdo que mis padres siempre nos inculcaron el respeto a los mayores y a pesar de los pesares mi madre le quería un montón, de hecho siempre me dijo que hasta poco antes de casarse los abuelos la querían con locura.
PRIMAVERA: Era la estación que mas me atraía, los campos estaban preciosos, se llenaban con los cantos de los pájaros y era la época en que los animales estaban mas activos, yo aprovechaba esa época para espiar donde hacían los nidos ciertas aves, para luego en verano ,desafiando el peligro, trepar por las paredes a la búsqueda de esa nueva vida (pero en raras veces me acuerdo de que haya matado un solo pájaro). Me acuerdo el mes de las flores en la escuela, el saludo fascista de todas las mañanas al maestro, y los reglazos en los dedos entumecidos o los camuesos, curruelos, o sea golpes en la cabeza con el nudillo de los dedos, cuando no era con el anillo.
VERANO: Tres o cuatro de la mañana, mi padre...Marcelo..ooo..,Ildeeee....hasta que se levantaban para ir al campo, luego yo montaba en el carro, nos arropábamos y mi padre hacia marchar despacio a la yunta para que pudiésemos aprovechar de un poco más de sueño... Cuantas veces mi padre, seguramente se medio durmió, y como los animales tenían en memoria varios itinerarios, pues aparecíamos donde menos lo esperábamos, y nosotros contentísimos, pues sabíamos que eso quería decir más dormir acunados por el traqueteo del carro.
Yo como mas pequeño, beneficiaba de un tiempo suplementario, y de hecho no creo que resultase muy rentable en el trabajo, pero eso si, nunca perdimos un solo día de escuela.
La hora de la siesta era la delicia para mi, pues yo me escapaba, para desesperación de mi madre, a los pinares en busca de esos tan preciados nidos (halcones sobre todo), a esas horas en que el calor del sol estaba en su apogeo, aunque me acuerdo de no haber tenido nunca problemas a causa de eso.

Jose Luis de la Torre.

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Juanito y la música

Como todos sabéis, el tío Juanito toca el saxofón, ¿pero alguno de vosotros sabe cómo empezó con la música?, pues así fue:
Un día, cuando tenía unos dieciséis años, rebuscando en el desván, encontró el acordeón diatónico de su abuelo y empezó a tocarlo de oído, consiguiendo tocar canciones sin que nadie le enseñara. Después, cuando regreso de la mili, un amigo suyo al que le habían regalado un laúd y sin conseguir tocarlo se lo llevó a Juan, quien desde el primer momento lo hizo sonar.
Durante los primeros años cincuenta, llegó al pueblo un cura (Don Pablo Carrascal) profesional de la música y decidió enseñar solfeo a unos cuantos chavales del pueblo. A Juanito, cuando les oía practicar, le daban envidia, pues pensaba que él ya era mayor para eso: él ya estaba casado. Basílides (uno de los muchachos que estudio con Don Pablo), un día de San José le dijo: "¡ Cagüen diez Juanito tu tenías que haber aprendido música!" Y Juan le respondió: "Pues enséñame tú", se fueron a su casa y le enseñó el método, se le llevó a casa y esa misma tarde le enseñó los conocimientos básicos.
Los chavales que ya habían terminado sus clases de solfeo y ya habían comprado sus instrumentos le pusieron pegas a Basílides para que enseñara a Juanito: "Terminamos de aprender nosotros, ahora te pones a enseñar tú a otros, ¡ya vamos a ser más músicos que bailadores!", por lo que Basílides le dijo que ya no le enseñaba más. Juan le dijo que no se preocupara, que él ya tenía los conocimientos preliminares. Todos los días cuando venía del campo cogía el libro y escribía la lección que le correspondía, también se llevaba las lecciones al campo; cuando iba en la yunta, hasta que llegaba a la tierra, iba solfeando las lecciones. Al principio era muy pesado, pero cuando llegó a las negras y a las corcheas aquello empezó a sonar y se animó todavía más con la música.
Una vez terminadas todas las lecciones del método de solfeo se compró un saxofón alto, que conserva todavía. Cuando se lo enviaron fue a recogerlo a Peñafiel y nada mas llegar a casa de sus suegros lo empezó a montar con ayuda de Pedro (su cuñado), ya montado se lo colgó y empezó a soplar y ¡sorpresa! ¡Sí sonaba!. Empezó a tocar una cancioncilla y las chicas que estaban en la sastrería del suegro cosiendo decían qué cómo era posible que siendo la primera vez sonara como sonaba, con lo que habían tardado en aprender los que habían aprendido con Don Pablo.
Al tener ya el instrumento, Juan pensó que necesitaba un profesor y se fue a ver al señor Alejandro Perucha "Pichilín" (compositor de la Jota Canalejana). Le preguntó si le podía enseñar a tocar el saxofón, le dijo que si, le hizo pasar a su casa y le preguntó qué que tal andaba de solfeo y Juan le dijo que no sabía si sabía porque lo había estudiado el solo, "Pues eso si que es difícil" le dijo el Pichilín. Cogieron el método y se pusieron a comprobar lo que sabía, porque antes de empezar con el instrumento tenía que saber solfeo.
Pichilín abrió el método al azar y Juan le cantó la lección, volvieron a abrirlo (esta vez por las últimas lecciones) y repitió la operación; la mujer del señor Alejandro que estaba en la misma habitación dijo: "¡Anda pero si además te las entona!". Era mayo y estuvo bajando a Peñafiel unos veinte días y como ya hacía mucho calor para andar subiendo y bajando El Pichilín le dio unas partituras (La Comparsita, Guitarra Mía, El trío Calavera y Cerezo Rosa) y le dijo que las fuera preparando, que el día del Corpus iban a ir a tocar a Canalejas y a ver si las podía tocar con ellos. Llegó el día del Corpus y debutó con mucho éxito.
A partir de entonces y debido a que los otros compañeros (los que no querían enseñarle un tiempo atrás) tuvieron que irse a la mili, le pidieron que tocara en el baile del salón y así empezó su carrera como músico.
Hará aproximadamente unos quince años, Juanito, empezó a componer Jotas, Pasodobles, Rumbas, Pasacalles, Boleros, etc. Algunas de sus composiciones están recogidas en un trabajo de recopilación de temas de la Ribera del Duratón y que va acompañado de una cinta grabada por Rafa Cubillo y Fernando Zarzosa (dulzaineros) y también tiene registradas, aunque no todas, sus composiciones en la Sociedad General de Autores de España.

Marisa Sanz.

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Poesía de Mari Sánchez

Que ya tiemble Canalejas
pues la vamos a invadir.
El próximo 30 de marzo
nos vamos a reunir.

Teodosio y Felisa
iniciaron nuestra saga.
Hijos, nietos y biznietos,
la familia no se acaba.

Cada uno con su historia,
con sus penas y alegrías,
pondremos todo en común
¡Qué entrañable será el día!

Traeremos nuestro equipaje
repleto de buen humor,
de ganas de divertirnos,
de cariño y de ilusión.

Y al regresar notaremos
que se ensanchó el corazón
porque a todos llevaremos
en un pequeño rincón.


Mari Sánchez.

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